Fue uno de los grandes creativos de Capcom y el “padre” de Mega Man, pero tras dejar la compañía estafó a miles de jugadores: el caso Mighty No. 9

Jesús Zamora

Editor

Keiji Inafune es uno de esos desarrolladores que llevan a los fanáticos a los extremos: o lo odias, o lo amas, y en buena medida hay razones para justificar cualquiera de los dos bandos. Por una parte, este señor es fundamental para entender la historia de Mega Man, pero por otro lado, estafó a miles de jugadores y terminó convirtiéndose, irónicamente, en un auténtico “inafunado”.

El padre adoptivo de Mega Man

Antes que nada, cabe aclarar que, aunque muchas veces se le asocia a Keiji Inafune con el origen de Mega Man, él es solo su padre adoptivo: su verdadero creador fue Akira Kitamura, director del primer juego y responsable del concepto original.

Eso no quita el importante papel que fungió Keiji Inafune para el personaje: como primer diseñador, fue quien ayudó a darle identidad visual definitiva al tierno "Rockman", además de diseñar personajes clave como Zero y de tomar las riendas creativas cuando Kitamura dejó Capcom. Gracias a él, la franquicia no solo sobrevivió, sino que evolucionó con sagas como Mega Man X, Zero e incluso Legends.

Sin embargo, después de publicar Mega Man X5, juego que trataría de ser un cierre para la franquicia, Capcom siguió explotando a su gallina de los huevos de oro, desplazando a Inafune como mero productor de los juegos de la serie. Con el tiempo, las diferencias creativas se volvieron inevitables hasta que, en 2010, decidió abandonar Capcom después de más de dos décadas dentro de la compañía.

Creando a Mega Man fuera de Capcom

Por supuesto, Inafune no perdió el tiempo, y pronto fundó Comcept, un estudio con el que buscaba recuperar esa libertad creativa que había perdido dentro de Capcom. Desde ahí comenzó a trabajar en distintos proyectos, pero había una idea que resultaba imposible ignorar: si Capcom no quería hacer un nuevo Mega Man como los fans lo pedían, entonces él mismo podía crear su sucesor espiritual.

La propuesta sonaba perfecta sobre el papel; después de todo, si alguien sabía cómo construir un heredero del Bombardero Azul, era justamente quien había ayudado a moldear su legado durante décadas. Así nació Mighty No. 9, presentado como el regreso del plataformero japonés clásico que tantos jugadores extrañaban.

De esta manera, en 2013, se abrió un Kickstarter con una meta inicial de 900 mil dólares, una cifra relativamente modesta considerando el nombre detrás del proyecto, pero la respuesta fue inmediata: miles de jugadores querían creer en ese regreso espiritual de Mega Man.

Algo huele mal en Mighty No. 9

Conforme avanzaban los días, el proyecto empezó a sumar metas extendidas cada vez más ambiciosas: versiones para PS Vita y Nintendo 3DS, cooperativo online, contenido descargable gratuito e incluso una serie animada. Al final, la recaudación superó los 3.8 millones de dólares y reunió a más de 67 mil patrocinadores: fue así como Mighty No. 9 se convirtió en uno de los grandes triunfos del crowdfunding en videojuegos.

Sin embargo, cuando el juego salió en 2016, el golpe fue durísimo. Mighty No. 9 estaba roto, sino que además transmitía la sensación de ser un proyecto mal administrado desde sus inicios.

El arte presentado en Kickstarter terminó convertido en un 2.5D genérico, con efectos visuales pobres y una dirección artística que parecía de una generación anterior. Asimismo, se criticó el diseño de niveles, con enemigos y trampas mal posicionadas. Incluso al día de hoy el juego sigue estando en un estado deplorable, lo que explica su calificación de 52 sobre 100 en Metacritic.

Peor aún, varias de las metas prometidas jamás llegaron: las versiones de PS Vita y Nintendo 3DS simplemente desaparecieron, dejando a miles de jugadores sin ese producto por el que habían pagado. Y mientras todo eso ocurría, Inafune ya impulsaba nuevos proyectos como Red Ash, igualmente mediante crowdfunding, lo que hizo que muchos sintieran que Inafune solo estaba jineteando el dinero.

Lo de Inafune no fue un robo en el sentido estricto de la palabra, porque el juego sí salió, pero sí fue una estafa que dejó una cicatriz importante en la industria de los videojuegos. Inafune abusó de la confianza de los jugadores y respondió con un proyecto mediocre y muy lejos de lo prometido. Es curioso, Mighty No. 9 era el juego que verdaderamente necesitábamos (y seguimos necesitando) los fans de Mega Man, pero definitivamente no el que nos merecíamos.

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