
Me encanta cuando los juegos buscan darle la vuelta a una narrativa o mecánica que se ha vuelto cliché y, a partir de ello, proponen algo completamente distinto. Este es el caso de Carrion, un juego que convierte el clásico "huir del monstruo" en el corazón de toda su propuesta, dándole al jugador la oportunidad de encarnar al auténtico villano de la historia.
El monstruo eres tú
La primera vez que jugué Carrion lo hice en un Nintendo Switch, y desde ese momento quedó grabado en mi memoria como una de las mejores experiencias que probé en el modesto hardware de la Gran N. Lo cierto es que soy un fanático empedernido de los metroidvanias, pero también del cine de terror, y fue precisamente este título el que logró unir ambas pasiones en un mismo lugar.
En Carrion deberemos controlar a una criatura de origen desconocido, una masa informe de carne que ha permanecido encerrada durante años dentro de un complejo científico. Todo comienza cuando conseguimos escapar de nuestra celda: desde ese instante, el objetivo se convierte en devorar a todo ser humano que se cruce en nuestro camino, crecer, evolucionar y abrirnos paso hasta alcanzar la superficie.
Lo mejor de todo es que la historia se cuenta a través del propio escenario y de pequeños flashbacks en los que controlamos a un humano para entender cómo aquella aberración terminó encerrada bajo tierra. Es un recurso sencillo, pero que recuerda inevitablemente a The Thing, de John Carpenter, solo que aquí no sobrevives al monstruo, sino que tú eres el monstruo.
Un metroidvania que no parece metroidvania
La jugabilidad se distancia en más de un sentido de lo que acostumbramos como metroidvania. No caminamos ni saltamos de plataforma en plataforma, sino que nos desplazamos utilizando nuestros tentáculos, adhieriéndonos a paredes, techos, tuberías. Conforme devoremos humanos, nuestra biomasa aumentará, lo que equivale tanto a nuestra barra de vida como a nuestro tamaño en pantalla, una evolución que no es solo visual: también determina las habilidades que tendremos disponibles.
Todo ello mientras sembramos el caos utilizando el miedo como una auténtica arma, provocando que los científicos entren en pánico antes incluso de que aparezcamos frente a ellos. Eso sí, aunque durante buena parte de la aventura nos sintamos como un depredador imparable, el juego nunca olvida equilibrar la balanza: lanzallamas, escudos, robots y toda clase de armamento pesado nos obligarán a pensar cada enfrentamiento antes de lanzarnos a la ofensiva.
El arte no se queda atrás. El pixel art de Carrion refleja a la perfección el body horror que pretende transmitir, con animaciones sorprendentemente fluidas y viscerales. Todo complementado con una banda sonora que parece salida de una película de horror de los años ochenta, inevitablemente evocando el trabajo de, nuevamente, John Carpenter.
Hay juegos que funcionan especialmente bien en una consola portátil, y Carrion es uno de ellos, aunque también luce y se disfruta de maravilla en PlayStation, Xbox y PC. En cualquier caso, tienes ante ti una campaña de 5 horas inenterrumpidas de horror cósmico puro y duro, así que si eres fan del género, esta definitivamente es una experiencia que no puedes dejar de lado.
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