
Onimusha: Way of the Sword marca el regreso de una de las sagas más queridas de Capcom tras un larguísimo letargo de más de 20 años, que aunque se vió interrumpido por un remake en 2019, no cambia el hecho de no tener contenido fresco de esta mítica saga. Tuvimos la oportunidad de ver un adelanto de su gameplay, historia y jugabilidad en el margen de Summer Game Fest, y si algo podemos decir, es que Capcom está dando un giro completo a lo que conocíamos como Onimusha hace unos ayeres. Aquí la cuestión no es si se ve bien o mal gráficamente, sino que, teniendo una comunidad consolidada, parece ser un salto riesgoso al vacío del gaming RPG asíatico.
El nuevo camino que toma Omnimusha
En esta ocasión, la trama nos traslada al inicio del período Edo, una época donde la paz parece florecer en Japón, pero que bajo las sombras esconde el resurgimiento de los Genma, una temible raza demoníaca. Tomamos el control de un rejuvenecido Miyamoto Musashi, quien tras recibir el legendario Guantelete Oni, se ve envuelto en una sangrienta conspiración que busca resucitar al mismísimo Oda Nobunaga utilizando el caos de un Kioto sumido en la oscuridad. La narrativa abandona el tono de serie B de los juegos de PS2 para ofrecer una historia mucho más madura, mística y con tintes de drama histórico que te mantiene enganchado de principio a fin.
Técnicamente, el juego es una delicia visual y un ejemplo de cómo se debe exprimir el RE Engine, pero todo el apartado técnico se ha diseñado con un único propósito: transformar radicalmente el ritmo de la jugabilidad.
Capcom ha optado por un bucle de juego lineal con arenas de combate cerradas pero interconectadas por zonas semiabiertas, y para esto, se apostó a ciertos cambios en la movilidad del personaje, siendo el movimiento más destacado el sprint a través de las paredes al puro estilo de Call Of Duty, ¿aporta movilidad y agilidad? Sí, pero no es algo nuevo, aunque cabe admitir que la animación es linda y encaja perfecto con la ambientación del juego.
La tasa de fotogramas por segundo, presumen, será una roca: 60 fps estables en el modo rendimiento que son una bendición para el gameplay que este juego exige, lleno de precisión y fluidez. El apartado que se siente más pulido dentro de este título es el combate, con un sistema de colisiones (hitboxes) y unas animaciones muy bien logradas gracias a una captura de movimiento real, que le dan al combate una inercia y un peso físico brutales; aquí cada espadazo está cuidado para sentirse por medio de la retroalimentación háptica (al jugarlo en PS5).
Sin embargo, en el lado negativo, el diseño de niveles peca a veces de pasillero y la inteligencia artificial de los enemigos comunes es bastante predecible en las dificultades estándar, limitándose a rodearte en fila india en lugar de coordinar ataques grupales. Además, la cámara libre, aunque mil veces mejor que los ángulos fijos de antaño, llega a volverse loca y a quedarse atrapada en las esquinas cuando te enfrentas a jefes de gran tamaño en espacios cerrados.
Este drástico cambio de ritmo ha encendido las redes sociales y tiene a la comunidad completamente polarizada, abriendo un debate que compara directamente esta entrega con su antecesor, Onimusha: Dawn of Dreams (2006). Mientras que aquel clásico de PS2 era un festival de acción rápida, combos aéreos y un dinamismo muy cercano al hack and slash puro, Way of the Sword frena en seco y te exige paciencia, observación y una precisión milimétrica en los desvíos y bloqueos dinámicos.
En foros como Reddit y X, los jugadores más nostálgicos miran con recelo esta "ralentización" del flujo de juego, temiendo que Capcom se haya dejado arrastrar por la moda de la dificultad asfixiante, a pesar de que el director Satoru Nihei ha insistido en que no es un Soulslike. No obstante, tras el lanzamiento de la demo gratuita por sorpresa, el veredicto de la comunidad ha empezado a inclinarse a favor: la tensión táctica de los duelos contra jefes como Shuten Doji ha demostrado que el juego no es lento por torpeza, sino por diseño, logrando que el choque de las katanas sea una experiencia mucho más gratificante y visceral de lo que muchos anticipaban.
Un punto que merece una mención aparte es el tremendo acierto que tuvo Capcom al basar el modelado de Miyamoto Musashi en la imagen del legendario actor Toshiro Mifune, el eterno samurái del cine de Akira Kurosawa. El escaneo facial y el tratamiento de texturas en la piel, las expresiones de fatiga y la mirada severa del personaje son un absoluto espectáculo técnico que rinde un homenaje soberbio a la época dorada del cine de samuráis, encajando a la perfección con este nuevo enfoque jugable más crudo y pausado.
Visualmente es una gozada ver cómo se arruga su rostro al hacer un parry o cómo gesticula en las cinemáticas; el único "pero" técnico aquí es que, debido al fotorrealismo tan bestia del protagonista, algunos personajes secundarios y NPCs genéricos sufren del efecto del "valle inquietante" (uncanny valley), viéndose bastante planos, acartonados y sin alma en comparación con el imponente modelado de Musashi.
En definitiva, Onimusha: Way of the Sword se perfila como una apuesta tan arriesgada como necesaria para Capcom. Al alejarse del frenetismo arcade de Dawn of Dreams e inclinar la balanza hacia un combate más pausado, físico y estratégico, los desarrolladores no han buscado revivir el pasado de forma perezosa, sino redefinir la identidad de la saga para la generación actual. Aunque la cámara libre y la linealidad de sus niveles todavía nos dejan algunas dudas técnicas, las excelentes sensaciones de la demo y el soberbio homenaje cinematográfico que corona su apartado visual son motivos de sobra para ilusionarse. No dejará indiferente a nadie, pero todo apunta a que este nuevo camino del acero es exactamente el soplo de aire fresco que la franquicia necesitaba para reclamar su trono.
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