
Raros. Curiosos son los tiempos que vivimos: hace 20 años nos imaginábamos conduciendo coches voladores, pero no, acá estamos, trasladando el cerebro de una mosca a una computadora para que esta haga la cosa más extraña que podría hacer: ponerse a jugar videojuegos. Lo peor de todo es que no se trata de una trama de ciencia ficción: realmente alguien está haciendo que el cerebro virtual de una mosca esté jugando nada más y nada menos que DOOM.
Una mosca jugando DOOM
Primero que nada... ¡¿cómo fue que llegamos a tener el cerebro de una mosca computarizado?! Todo comenzó cuando Google Research consiguió mapear por completo el cerebro y el sistema nervioso central de una mosca de la fruta macho. Para conseguirlo, los investigadores cortaron su diminuto cerebro en láminas microscópicas, fotografiaron cada una y utilizaron IA para ensamblar millones de imágenes en dos dimensiones hasta construir un modelo tridimensional.
Y como si trasladar tu cerebro a una computadora no fuera suficientemente extraño, pocos días después de que Google publicara estos datos, un ingeniero de software llamado Alex Wormuth tomó el mapa neuronal de la mosca y lo convirtió en un cerebro virtual capaz de interactuar con DOOM. Su proyecto, bautizado como Doomfly, es tan absurdo como fascinante: el programa analiza el juego cuadro por cuadro y cada fotograma es enviado a las neuronas correspondientes dentro del cerebro simulado de la mosca.
De esta manera, la actividad de la red neuronal determina las acciones que realiza el personaje, como avanzar, girar o disparar. Lo mpas distópico es que cuando la mosca recibe daño en DOOM pero no muere, esa señal se envía a los receptores de dopamina PPL101 del cerebro virtual, que en una mosca real están relacionados con respuestas como la agresión y el hambre. Básicamente, también le dio algo parecido al dolor para que reaccionara ante lo que ocurre en pantalla.
Lo más inquietante de todo es que el experimento nació de algo bastante serio. Google realmente quería comprender mejor cómo funciona un cerebro, pero bastaron unos cuantos días para que ese conocimiento terminara convertido en el juguete favorito de los programadores.
No sabemos si algún día tendremos computadoras capaces de pensar como nosotros, pero al menos ya tenemos la certeza de que se puede mapear el cerebro de una mosca, para hacerlo jugar DOOM. Como lo dije al principio de este texto: Raros. Curiosos son los tiempos que vivimos.
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